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Que el 68 es un parteaguas es verdad, pero también se ha convertido en un lugar común que requiere evidencias ante el riesgo de perder significado. Quizá el cincuenta aniversario del movimiento estudiantil arrojará nueva información y nuevas perspectivas para entenderlo, apreciarlo, pero sobre todo, para convertirlo en materia prima del futuro.

En este libro, decidimos explorar el ángulo de la cultura y el arte después del 2 de octubre de 1968 y seguir el hilo que pueda unirlas con este 2018. Nuestro supuesto es que del 68 se desprenden fenómenos que, si bien algunos pensarán que no han estado bajo los reflectores, son tan importantes que no se puede entender la actualidad cultural y artística mexicana sin ellos. Pensamos que es posible identificar, en estos cincuenta años, la vena sesentayochera que los nutre.

Aunque nuestro supuesto se confirmó rápidamente, pues en efecto el 68 es un big bang del que emana una energía evidente, nos interesaba profundizar en el efecto de la dispersión que siguió al terminar el movimiento, para el cual las universidades y la educación fueron un agente multiplicador. Queríamos conocer la forma en la que se sostuvieron los ideales y las aspiraciones del movimiento original no porque buscáramos una pureza esencial, sino para notar sus transformaciones. Por ello, buscamos a personas que nos contaran su recorrido, compañeros que hace cincuenta años tenían veintipocos, y les pedimos un texto o los entrevistamos. También nos interesó el punto de vista de los hijos de los sesentayocheros, a quienes el efecto les llegó en casa y que debutaron en la ciudadanía a mediados de los ochenta, en el contexto de los sismos y el arribo de los partidos de izquierda, y ya encarrerados, también quisimos conocer la visión de los más jóvenes, quienes son ahora los universitarios. A todos los invitamos.

En algunos casos, los protagonistas cuentan su experiencia en primera persona, como Jorge Pérezvega, María Eva Avilés o Roberto López Moreno en artes visuales, música y literatura, respectivamente. En otros casos, los autores investigaron fenómenos particulares, como Alma Soto en la caricatura, Alberto del Castillo Troncoso en la fotografía o Humberto Musacchio en el periodismo. Pero el libro también ofrece la agilidad testimonial de la entrevista; a veces los jóvenes dan sus testimonios, como en las entrevistas que les realizó Mauricio Palos, o son ellos quienes preguntan con ojos nuevos, como Abril Castillo, Iván Castro, Cristian Cedillo y Valeria Guzmán. Finalmente, hay contenido puntual y breve que recuerda casos específicos, como las acciones gráficas relacionadas con los feminicidios o los normalistas de Ayotzinapa.

Aunque breves, son muy importantes los testimonios de Mónica Mayer sobre la participación de las mujeres y el feminismo, de Juan Carlos Bautista sobre la cultura homosexual y el movimiento gay o LGBTTI, y de Martín Hernández sobre la movida nocturna de la contracultura. Los tres temas merecerían libros aparte, pero en el contexto de éste, aportan contrapuntos indispensables para entender “lo cultural” y “lo político” en su amplitud y diversidad.

 

El libro presenta una serie de imágenes que nunca antes se habían reunido, que abarcan desde los primeros momentos del movimiento, con la precariedad y urgencia de la persecución, hasta las más recientes, concebidas en el entorno digital y las redes sociales. Juntas, estas imágenes permiten reconocer cómo a partir de la necesidad de convocar a la acción a favor de las libertades democráticas por las que se batalló en el 68, las demandas han ido cambiando, incorporando y desechando consignas según cambia el contexto. Es interesante ver las constantes y las diferencias.

En el nivel técnico, las imágenes pueden ser hechas por artistas expertos o por activistas instantáneos armados con una brocha. En el nivel tecnológico, vemos recursos tan variados como el bordado en las ilustraciones de Valeria Gallo, el aerógrafo o el arte digital. Los soportes pueden ir desde una pequeña etiqueta, hasta cientos de metros cuadrados de la plancha del Zócalo. También se aprecia el paso del tiempo, los cambios en la estética y la evolución de los discursos en la extinción de demandas como la amnistía y la desaparición del cuerpo de granaderos, y en la incorporación de los derechos de las mujeres o de los indígenas.

Ocho secciones se dedican a diferentes expresiones de la cultura y el arte: artes visuales, caricatura o cartón político, fotografía, música, danza, cine y teatro, literatura y periodismo. En cada una de ellas, se cuentan acontecimientos relevantes, se dan testimonios y se intenta relacionar información que antes parecía inconexa. En el prólogo.

A pesar de la amplitud de lo que reúne este libro, tenemos ausencias, pendientes y deudas que no fue posible abarcar, como el papel de la radio en los años posteriores al 68, pues la radio pública, local y comunitaria fue la que dio cobertura, visibilidad y difusión a muchas de las actividades que aquí se mencionan. También sería muy importante ampliar lo relacionado con el feminismo y la perspectiva lgbtti, así como lo que sucedió fuera del ámbito de la Ciudad de México, en particular movimientos políticos y contraculturales nacidos en comunidades indígenas o campesinas.

Sin embargo, el libro sí permite actualizar reflexiones sobre lo distinto que es pretender hacer un arte político y hacer un uso político del arte y, en esta disyuntiva, ubicar con precisión el potencial del panfleto como un discurso unidireccional cerrado y la posibilidad de ampliar los significados y los referentes de lo político a través de un arte que busca el diálogo y el encuentro. La noción del arte y la cultura está sujeta a diálogo si retomamos la experiencia de los artistas autonombrados “trabajadores de la cultura” y de quienes han aportado desde ámbitos de lo popular. A la luz del individualismo rampante en las ciudades de hoy, también es muy interesante la perspectiva colectiva que se practicó de los años setenta a mediados de los ochenta y lo poderoso que resultó el trabajo colectivo: ¿por qué nos cuesta tanto ahora trabajar en equipo?

Tintable se ha propuesto colocar libros pertinentes en medio de conversaciones relevantes. La que inicia con este cincuenta aniversario en el contexto de los recientes resultados electorales es, sin duda, una de las más importantes.