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Concepción Béistegui 2103-C4

Colonia Narvarte, Benito Juárez,

Ciudad de México

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La historia de cómo la vida se abrió paso después de los devastadores sismos de 1985, de cómo la sociedad y la comunidad lograron reconstruir la ciudad y el alma herida de los ciudadanos.

 

Cuando se juntan personas buenas y honestas, trabajadores a morir, como los Betancourt y Sergio, logran sus propósitos. Para mí fue un regalo conocerlos. Todavía mantengo el contacto y a veces voy a tocar a San Luis Potosí. Esas experiencias me dejan la esperanza de tener un país más bueno, más amable, donde nos ayudemos y nos demos la mano.

 

Águeda González

La organización de los damnificados de la colonia Roma, en la Unión de Vecinos y Damnificados 19 de septiembre (uvyd) para superar la emergencia y resolver las cuestiones más básicas, se convirtió a los pocos días, en un movimiento político y cultural inédito en la historia mexicana.

Paralela a la lucha política, la uvyd emprendió, a través de su Comisión Cultural, impulsada por el Grupo de Teatro Zopilote, un activismo cultural que creó comunidad: unió a la gente, la sensibilizó, le brindó catarsis y ofreció la posibilidad de ver el arte, la cultura y la política de manera distinta, más crítica e, incluso, se convirtió en un recurso de formación de públicos de arte. Pero lo más importante es que no se trató de un arte callejero pobretón, marginal o acomplejado, por el contrario, se convirtió en una estética política, una poética y una ética que ocupó la calle y la ciudad entera. Este libro documenta, a través de fotografías, obra gráfica, textos y testimonios, la historia de la Comisión Cultural de la uvyd entre 1985 y 1997, imprimiendo en nuestra memoria lo vital de sus actividades: encuentros callejeros de danza, música, literatura y otras artes; exposiciones de obra gráfica, así como la fundación de espacios vitals como la Galería “Frida Kahlo” y la Escuela Popular de Artes “Nahui Ollin”

 

Aunque el proyecto cultural y artístico de la uvyd estuviera marcado por la calle, nunca se trató de un arte callejero, pobretón, marginal o acomplejado. Muy por el contrario, se convirtió en una ética, una poética y una estética de la calle como sitio de todos, lugar de convergencia y espacio de ciudadanía. Una política del arte cuyo fin no es el entretenimiento, sino el encuentro —en el espacio público— de personas en busca de un futuro común, digno y solidario. Una política de la cultura en la que los públicos no eran receptores pasivos desde sus butacas, sino partícipes de un acto dinámico que los incluía.

-Leonel Sagahón

A treinta años de distancia, la uvyd se mantiene gracias a sus tradiciones y principios de independencia de las instituciones públicas, privadas, partidos, así como por la rendición de cuentas, a su proyecto cultural y porque sigue trabajando con la gente que se organiza para conseguir lo que le corresponde. Confiar en la gente y trabajar para que confíe en sí misma, mostrándole que con su fuerza organizada es capaz de conseguir lo imposible, es la mejor enseñanza obtenida en la reconstrucción del D.F.

-Alejandro Varas