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Sin duda la radio es uno de los medios de comunicación que mayor trascendencia histórica ha tenido, además de que es el que más penetración y acceso posee en cuanto audiencia. Con esto no sólo nos referimos a su alcance e influencia social y cultural, sino a que pervive transformándose: bajo demanda, en streaming y con la faz del podcast, convive con sus formas tradicionales de difusión por AM y FM.

No obstante, aun cuando la radio es uno de los medios de comunicación más relevantes por la cantidad de personas a las que llega (de todos los estratos sociales) y por su ubicuidad (se escucha incluso en los sitios más remotos), existe poca literatura que la aborde ya sea históricamente, o críticamente.

 

En este contexto, la presente obra se propone ser una aportación a este tema, haciendo una cuidadosa reconstrucción de la vida de la radio a lo largo del tiempo y con textos críticos sobre las políticas, la legislación respectivas a la radiodifusión en México y los derechos de las audiencias. Al respecto, se reflexiona sobre cómo (y después la televisión) fue un efectivo soporte de difusión ideológica para la configuración del nuevo Estado mexicano. La leyes en materia de radio, además, incentivaron el desarrollo comercial de ésta y el involucramiento estatal en un papel de regulador de emisoras, y, paradójicamente, estimularon la concentración de emisoras en pocos grupos, lo cual incidió en la subordinación de contenidos al partido en el poder, a la censura y a la autocensura.

 

No obstante, esta función política ha coexistido con la social, en especial en la transmisión de información relevante, y con la de entretenimiento, que también ha sido muy significativa. Tal vez las nuevas generaciones no crecieron escuchando la radio como antaño, cuando las personas se reunían a su alrededor para escuchar su programa favorito, para cantar las canciones y bailarlas, o bien, para darle un vuelco al corazón con las noticias urgentes que se difundían en ese medio. Gracias a ella se hizo un extenso e importante programa educativo, se popularizó la música de mariachis, se transmitieron historias inolvidables mediante radionovelas o radioteatros, o se nos cortó la respiración con las noticias de la guerra; nos aprendimos las letras de nuestros grupos de rock, participamos en la rebelión y, sin ir más lejos, de este medio surgieron algunos de los periodistas más respetados por el grueso de la sociedad, como Carmen Aristegui.

Este libro, de Gabriel Sosa Plata, que cuenta con la coautoría en algunos textos de Perla Olivia Rodríguez Reséndiz, Alberto Esquivel y Felipe León López, y con un capítulo adicional de Antonio Tenorio e Hilda Saray Gómez, y una aportación de Berenice Ponce, nos narra lo que ha sucedido con la radiodifusión desde sus inicios en 1919 hasta la fecha: se relata el periplo de las estaciones comerciales, el surgimiento de la radio gubernamental y la de uso público, y el de aquélla con proyectos sociales o culturales independientes. Asimismo, se observa su transición de los programas en vivo a los de la música de discos o digital, de los grandes radioteatros a las pequeñas cabinas. Desde tres perspectivas, la obra trata la historia de este medio de comunicación. La primera sección, “Historias de radiodifusiones”, relata su surgimiento en México comenzando por las primeras transmisiones para pasar a desmenuzar el importante proyecto de Radio Educación, que destaca tanto por ser pionero como por ser el más representativo de la vocación educativa y cultural de este medio; posteriormente, se aborda la radiodifusión en los casos de la XEX (de la mano de Sordo Noriega); de Radio Femenina, Radio Mil, Radio 590 (De La Pantera a La Sabrosita), Rock 101 y la XEB.

 
 

La segunda sección, “Historias de programas y transmisiones”, analiza en nueve capítulos una diversidad de enfoques y formas que ha asumido la radio desde “El programa más antiguo”. Aquí se destaca la labor social y política de este medio, en particular en el caso de los sismos de 1985, suceso que se recuerda particularmente gracias a los reportajes de Jacobo Zabludovsky, y en el del polémico reportaje de la casa blanca del presidente Enrique Peña Nieto, cuyos efectos fueron la salida de una de las periodistas más reconocidas de un grupo de medios y la desaparición del defensor de la audiencia, instancia que había representado un logro importantísimo para los derechos de los radioescuchas. En esta parte se muestra cómo ciertos programas han marcado a diversas generaciones de audiencias. La tercera y última sección, “Historias de tecnología”, explica los orígenes y uso de AM y FM, con sus diferencias de alcance y de sonido; revisa “Cuando la radio mexicana ingresó a Internet” (con Radioactivo a la cabeza pero seguida por emisoras universitarias de la talla de Radio unam) y finaliza con un capítulo que cuestiona si la radio se ha deshumanizado.

El libro, además, está ilustrado con fotografías, que son documentos indispensables para comprender esta historia. Cabe señalar que los acervos iconográficos de este medio son escasos y muchas veces privados, por lo que resultó un trabajo de investigación paralelo dar con las imágenes adecuadas que nos pudieran transmitir la cercanía de la radio con sus escuchas.

 

Ciudad de México, octubre de 2016 Los editores