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María Elena Meneses responde

Presidenta de AMIC

El campo de la comunicación se constituyó entre los 60 y los 70, y se institucionalizó entre los 80 y los 90. Esa institucionalización, ¿qué consecuencias ha tenido? porque en los 60 y 70 había una politización de los estudios de comunicación, que se tradujo en una preocupación en la investigación por las políticas de comunicación. Hoy estamos en un nuevo entorno, volvemos a discutir los marcos legislativos, pero parece que el campo, con la institucionalización, se desafeinó, ¿Cuál es tu perspectiva al respecto?.

A mí me parece que algunos de los postulados de los decanos, de nuestras maestros fundadores, siguen siendo vigentes. Y, principalmente, una cuestión, que es esta dialéctica entre una comunicación que es una disciplina que ha llegado a convertirse como tal e, incluso para algunos, en un campo, y también el vínculo con la práctica. Esto es lo que conformaría, como lo ha señalado Bernard Miège, el pensamiento comunicacional. La parte instrumental de la comunicación también es parte de nuestro de campo y le da un sentido, le da sustancia. De nada sirve reflexionar sobre nuestros objetos y nuestros procesos de estudio si no tenemos una incidencia, toda vez que la sociedad está atravesada por procesos de comunicación. De manera que este movimiento que se da, y tú así lo denominas, un movimiento que se da entre los 70 y los 80, marcado entre otras cosas por el Informe MacBride y todo el movimiento que se dio alrededor, a mí me parece que sigue siendo vigente. Sin embargo, hay algunas otras cuestiones que han cambiado a partir de la década de los 90. Porque nadie se imaginó en los 80 que nuestra disciplina fuera trastocada de la manera en que lo fue y, sobre todo, de manera tan rápida. Las transformaciones me parece que se dieron entre el 92, que es cuando aparece Internet y se comienza a generalizar en el sector privado, y los 2000. Estamos hablando de un poquito más de un lustro, cuando nos cambian procesos, nos cambian objetos, y nosotros tenemos que cambiar las miradas metodológicas. una invitación, que a mi me parece ya nos habían hecho los estudios culturales y todos aquellos investigadores que se atrevieron a proponer esa mirada en América Latina. Y me parece que este grupo de comunicólogos, de pensadores, de investigadores que comenzaron a observar a los objetos y los procesos, en este caso de recepción, de apropiación mediática, también dieron una mirada y una renovación a nuestra disciplina. Pero, aún así se viene a complejidad absolutamente todo en esta última década del siglo XX. Estamos asistiendo a un cambio de objeto, a un cambio de procesos, y esto nos está enfrentando a desafíos metodológicos, me parece que inéditos. De tal manera que hoy tenemos mucha más certeza, probablemente, que antes de que aquellos que pensaban en los 70 que la comunicación podía convertirse en un campo, en el entendido bourdieuano, pues es dificilmente ya concebible por los hechos. Hay una creciente necesidad de trabajar de manera transdisciplinaria e interdisciplinaria. El problema es que al día de hoy no encontramos los cómo.

Asociado con eso, ante el nuevo contexto del ecosistema comunicativo convergente, que tú has estudiado puntualmente desde el periodismo y ahora en torno a la gobernanza y la sociedad civil, ¿cuáles serían las líneas centrales de unas políticas de comunicación que enfrenten la complejidad del campo que estabas describiendo?

A mí me parece que el ideal del Informe MacBride sigue siendo vigente aunque los actores han cambiado. En ese momento había una dominancia de los Estados-nación, había otro modelo económico, aún no se generalizaba el liberalismo económico en todo el mundo, estamos hablando de un mundo anti muro de Berlín. Pero hay parte de los postulados del Informe MacBride que hoy deberían ser más vigentes que nunca, que es un modelo de comunicación incluyente y democrático. Eso es hoy más que nunca vigente pero en otro contexto. Ya no estamos hablando de los Estados-nación, ya no estamos hablando de una bipolaridad, pero sí estamos hablando de nuevas hegemonías. Hay un nuevo esquema de dominación en la comunicación hoy que no necesariamente son los Estados-nación, porque si bien hay Estados, tenemos el caso clarísimo de Brasil, que pretenden intervenir en el control de Internet, pero en realidad hoy estamos hablando de una dominación encabezada por las empresas de la economía digital. Es impresionante este mundo comunicativo que se está conformando que está en manos de dos empresas estadounidenses: Facebook y Google. Y que, además, están trastocando todas las esferas de la vida social. Y con eso no se están convirtiendo en esas armas democráticas, no en esa comunicación democrática a la que todos los que incursionamos en esta disciplina, desde la praxis o desde la academia, hemos aspirado, sino que se están convirtiendo en armas poderosas de vigilancia y en una tentación creciente para los Estados. De esta manera, creo que tenemos nuevos objetos de estudio, y nuevos procesos, pero a veces las metodologías propias de las ciencias sociales parecen que ya no pueden entender estos fenómenos y tenemos que echar mano, ya, por ejemplo, de las ciencias computacionales para poder abordarlos y entenderlos. Yo creo que estamos en un sentido de crisis, pero no lo digo en un sentido negativo, estamos asistiendo a un momento de crisis sobre todo en la forma en que nos acercamos con las herramientas que tenemos para comprender fenómenos de enorme complejidad. Yo he tenido que decir en algunas conferencias cuando hablo sobre Internet y los derechos fundamentales asociados con Internet, que en ocasiones me parece un problema intratable. Es muy difícil su abordaje y los investigadores de nuestra disciplina no tenemos las suficientes herramientas metodológicas para poder acercarnos a ellas. Y entonces ahora resulta que los que tenemos como objeto de estudio la comunicación mediada por computadora pues tenemos que echar mano de computólogos para poder acercarnos a estos fenómenos. Estamos en un tiempo de crisis, en este sentido, pero al mismo tiempo soy muy optimista y confío que en la próxima década se concrete lo que el profesor Miège señala, en abordajes multidimensionales, interdisciplinarios, y podamos, sobre todo, comprender a la comunicación de este nuevo siglo tan compleja.

Reconociendo este proceso de crisis, desde la concepción del cambio de un campo, impuesto por los cambios sociales, es decir, no es sólo un reconocimiento de que el campo se queda corto y de que nuestras herramientas teóricas y metodológicas también son limitadas, podrías jerarquizar dos, tres, cuatro objetos que son imprescindibles conocer, ¿cuál sería la agenda de investigación?

 

Primero que nada, a mí me parece que tenemos que volver al tema de los derechos fundamentales en estos tiempos relacionados con la comunicación. Más que nunca, a partir de empresas que comunican, con las cuales intelectuales y en las que tiene lugar buena parte de nuestra vida productiva y afectiva, y con esto nuestra vida comunicativa, desde el precepto de la comunicación intersubjetiva, lo que esto representa en términos de construcción de identidad, se está conformando una vulnerabilidad creciente de nuestros derechos fundamentales. Entonces, yo creo que los comunicólogos tendríamos que voltear la mirada a los denominados derechos de cuarta generación, derecho a la privacidad, fundamentalmente, protección de datos personales. Me parece que la relación comunicación-derechos de cuarta generación es un tema impostergable. El otro tiene que ver con la transdisciplinariedad. Cómo vamos a hacerle para poder dialogar con colegas de otras disciplinar para poder comprender nuestros objetos. Es decir, cómo nos vamos a entender entre nosotros desde la perspectiva epistemológica pero, al mismo tiempo, también práctica. Tenemos formaciones totalmente diferentes, pero tenemos que hacerlo para poder comprender los fenómenos de la comunicación contemporánea. Y uno más tiene que ver, en este listado que haría, con las nuevas hegemonías, en estas enormes empresas de la economía digital y los retos que está imponiendo para la sociedad del nuevo siglo. Todos trabajamos para Google, gratuitamente, todos trabajamos para Facebook cada vez que apretamos el botón me gusta, qué se está generando, y tenemos que analizarla desde esta perspectiva. Y yo señalo que debemos de pasar, a estas alturas del siglo XXI de estudiar los usos de un artefacto específico, de una red social específica a estudiar las interacciones de manera relacional, los mundos off line y on line, pero también la posición de dominio de estas empresas. Me parece que los comunicólogos herramientas, e incluso estas herramientas que nos heredan nuestros decanos, teóricas, contundentes, para cuestionar estos nuevos poderes hegemónicos de la comunicación que ahora son invisibles, poco transparentes. Antes era el Estado y el Estado no era tan opaco como son estas empresas.

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Este proyecto se realizó con apoyo del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, a través del Programa de Fomento a Proyectos y Coinversiones Culturales 2014.