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Carmen de la Peza responde

Profesora investigadora de la UAM Xochimilco, representante del campo en el SNI

 

Después de un primer período, entre las décadas del 60 y 70, centrado en la discusión de las políticas de comunicación y el NOMIC, ya a comienzos de los 80, los 90 resultan un período de depresión y, al mismo tiempo, de descafeinización de la investigación, junto con el retiro del Estado, la instauración de políticas neoliberales, mientras que las carreras de comunicación crecen y se vuelven masivas. En ese contexto, ¿qué peso tuvo ese proceso de institucionalización en la constitución del campo? ¿qué diferencias podemos encontrar entre aquella generación fundadora del campo y la impronta de estas dos últimas décadas del siglo XX donde el campo se institucionaliza y se convierte en otra cosa?

 

Mi opinión sobre la institucionalización del campo no es totalmente negativa. Siempre, paradójicamente, como que las políticas neoliberales, y hablo desde mi lugar, no, que es la UAM, tuvo un doble efecto. Uno muy positivo: creo que en el caso de México la política de Salinas de Gortari fue inyectarle recursos a la universidad con este proyecto neoliberal de la evaluación que, en el caso de la UAM, significó la introducción del sistema de becas y estímulos. Y este sistema se hizo con la función o con la finalidad de volver a capitalizar a la universidad, porque estábamos muy mal pagados, la gente tenía que tener dos o tres trabajos, normalmente eran trabajos que no eran de investigación sino funcionarios de alguna oficina de Estado o alguna cuestión así. De modo que la crisis económica, que fue brutal, del 82, con la crisis del petróleo, al 88 fue una crisis brutal. Los salarios se fueron al fondo y la gente tenía que tener doble o triple chamba. A los académicos me refiero. Y, entonces, la política de Salinas fue recapitalizar a la universidad, con intención también de orden político, aburguesemos a los grillos. Pero bueno, tuvo un efecto, yo diría, muy positivo porque entonces se empezó a generar condiciones para la investigación, porque aunado a esto, el sistema de estímulos para la exclusividad del trabajo universitario, y en la UAM que tenemos la modalidad de profesor investigador, entonces se generó, yo no digo que todos los profesores de comunicación, pero por lo menos un 30% de profesores de comunicación empezamos a tener un tiempo, recursos salariales, porque recursos para la investigación nunca hubo, pero con esta voluntad y deseo por trabajar en investigación y publicaciones. O sea, la demanda propia de la institución ya no era nada más dar clases si no, ahora, con esta modalidad de evaluación, para tener una beca de investigador de tiempo completo tenías que producir, que escribir. Y, con todo lo que esto pueda significar de perversiones y de lo que tu quieras, esto permitió una cultura académica de hacer investigación y publicar, cosa que antes de los 90 no existía. O sea, estaba la revista Comunicación y Cultura, pues sobrevivía a base de toda la producción de América Latina y salían los números hasta con cierta dificultad, no sólo por las dificultades burocráticas y económicas del financiamiento de la revista, sino también porque no había una producción de investigación significativa. Yo creo que hubo un crecimiento exponencial y de eso, un porcentaje alto puede ser gracias a los trabajos, pero se está generando una cultura de la investigación y de la escritura. Entonces eso a mí me parece que fue muy positivo. Aunado, también, al Sistema Nacional de Investigadores, que empezó a generar, básicamente, un salario adicional, de manera que la carrera académica se volvió una carrera atractiva en el sentido de que podías dedicarte exclusivamente a eso. Por supuesto que es selectiva. A ver, a mí, la evaluación que se implementó en la UAM, la evaluación de pares, que es como toda una cultura que vino acompañada del neoliberalismo, pero con una idea bastante interesante de que la evaluación era entre pares académicos y no una evaluación de orden burocrático. Eso tiene muchos defectos y muchos problemas, pero en el caso de la UAM, si nosotros vemos lo que había antes y lo que hay ahora, y como eso efectivamente generó un espacio para la investigación y demás.


Ahora, yo creo que el vacío y el golpe a la masa crítica que se produjo a mediados de los 70, que significó una diáspora de los intelectuales y luego el retorno a sus países, cómo la represión y la violencia tubo un efecto en la despolitización. Un efecto relativo en la despolitiazación. Sí creció mucho, como tu lo dices, un campo académico descafeinado, pero a la vez hubo un repliegue de la crítica porque cambió el panorama internacional. La caída del Muro de Berlín y la caída del comunismo, que por otro lado ya no daba para más, la crisis que se llamó crisis de paradigmas, es decir, todo este pensamiento marxista, mecanicista, con muchos tintes autoritarios, pues tuvo un efecto muy negativo sobre el campo de la crítica, en el sentido de la imagen, porque había otros marxismos, y una crisis en el marco del pensamiento marxista crítico. O sea, realmente, los esquemas de la crítica a qué nos han llevado, a qué nos llevó el comunismo real, el socialismo real, el relativo fracaso en América Latina tanto de los gobiernos, podríamos decir en ese momento de izquierdas, como de los movimientos radicales. Bueno, ahora hay toda una reflexión de como esto respondía a la necesidad de una reconfiguración global. En ese momento, obviamente, hub un repliegue, pero ese repliegue es como retirarse a pensar, algunos, otros retirarse a formarse. Un momento de reflexión, un momento de reconfiguración de nuestros esquemas de pensamiento, de nuestra visión también estratégica. Esas luchas y ese modo de luchar fracasó.

 

Ahora, también en este contexto contemporáneo tenemos una nueva impronta que nos vuelve a sacudir y hacernos perder los objetos por el camino y nuestros marcos teóricos y metodológicos nuevamente en crisis, de la que quizá nunca salimos, donde la agenda política también es distinta y, por supuesto, si lo leemos geopolíticamente Sudamérica está en una dimensión y México y centroamérica en otra. Dos líneas que son difíciles de comprender en el contexto en que antes se pensaba Latinoamérica. Entonces, en el marco de la convergencia y la tentación de las TICs, en términos de agenda de investigación, ¿cuáles son nuestros desafíos hoy? ¿desde dónde estamos interviniendo, desde la construcción de conocimiento que es el lugar que nos toca?

 

Yo creo que dos cosas que nos interpelan muy fuerte. Primero, en los años 90 fue la siempre anunciada transformación, que tal vez no nos creíamos, que iba a producir el desarrollo de las nuevas tecnologías. Y creo que, efectivamente, ha habido una transformación y un impacto muy fuerte del desarrollo tecnológico en las telecomunicaciones y en los modos de comunicación contemporáneos. Y el otro, que es un poco más reciente en el caso de México, que es algo absolutamente inesperado, que es la proliferación brutal de la violencia. O sea, México era un país que, a lo mejor nos engañamos, porque decíamos: bueno, México está más o menos tranquilo, se pueden hacer cosas, ahí la vamos llevando, el Estado es muy autoritario, el 68 fue horrible, pero hoy, después del 2006 con este estallido de la guerra, porque estamos en guerra, pues cambió totalmente la fisonomía. Entonces, hay una cosa muy interesante que nos está interpelando permanentemente, que es cómo los estudiantes traen a las aulas, por un lado, toda la fascinación por la tecnología, que nos ha obligado a incorporar estos temas en nuestra agenda de trabajo, todavía pienso que con muy poca capacidad crítica en el caso de las fascinación tecnológica. Hemos perdido el filo crítico con esta crisis del campo de la crítica a partir de la crisis del marxismo. O sea, estamos recuperando, creo, de alguna manera, con los estudios pos y decoloniales, que retoman, algunos, muchos elementos de la crítica y del propio marxismo revisitado y de otros campos del pensamiento crítico que están marcando una necesidad en el campo académico en general, no sólo de las comunicaciones, si no en el de las ciencias sociales, en donde la realidad social y, después del susto, por decirlo de alguna manera, de la crisis del marxismo, se está recuperando el espíritu crítico.


Al momento que la bipolaridad a nivel global se perdió y que dominó la supuesta democracia, ahora está demostrando, 20 años después, que cuál democracia. O sea, es autoritaria, es violenta y está cada vez más a la luz la lógica del capital transnacional y de un imperialismo de otra naturaleza. Entonces, creo que estamos otra vez frente a la emergencia y la necesidad de reformular nuestro pensamiento crítico un poco por las exigencias de las condiciones actuales. Yo creo que ese es un reto muy importante por ambas cosas. Por un lado, el desarrollo tecnológico y la fascinación por la tecnología y esta especie de que la tecnología es, entonces sí, la panacea donde por fin toda la humanidad va a tener acceso a todo, que esa es una falsedad, lo único que hace es ocultar las relaciones de poder cada vez más desniveladas, cada vez más brutales, cada vez más excluyentes. Entonces, por un lado, desde una crítica a la tecnología que también se quedó corta, porque la dimensión de la transformación da otras condiciones y hay que volver a pensar, yo creo que desde la filosofía política, desde la filosofía de la comunicación. Por qué tenerle miedo al pensamiento filosófico. Yo creo que necesitamos una filosofía y una ética para repensar, y una política. Es como que perdimos las utopías. Necesitamos un pensamiento crítico para imaginar un mundo diferente al que estamos y, por otro lado y junto, está el problema de la violencia. Esta violencia es el resultado de este modelo de desarrollo económico, imperialista, capitalista, desbordado y salvaje y, ahí, a algunos, como México, que estamos lejos de Dios y cerca de Estados Unidos, como dice el dicho, y como decía Reagan, somos el patio trasero, de este lado están los muertos, los desplazados, el lavado de dinero. Entonces esos creo que son los retos, y que los estudiantes han traído esos temas, y los investigadores estamos empezando a trabajar esos temas. Y hay que seguir pensando. Cómo pensar este mundo desde otras perspectivas, desde otros parámetros. Y volvemos a esto que decía creo que Einstein, cómo vamos a llegar a conclusiones diferentes si seguimos usando las mismas herramientas. Necesitamos comenzar a hacer cosas diferentes para tener resultados diferentes. Creo que hay que explorar otros caminos. Y eso es pensamiento crítico.

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Este proyecto se realizó con apoyo del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, a través del Programa de Fomento a Proyectos y Coinversiones Culturales 2014.