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TVMORFOSIS 8

PRÓLOGO

PERIODISMO EN LA ERA DE LA POSVERDAD

Guillermo Orozco Gómez

El escenario informativo contemporáneo parece incomprensible. Cada vez más se sabe —porque se hace evidente o se descubre— que está plagado de información falsa, inexacta, incompleta, sesgada, parcial, contaminada, sin fundamento, exagerada, etcétera. También se advierte con mayor frecuencia la circulación de fake news y posverdades sobre los acontecimientos y sobre las posiciones dominantes para que los ciudadanos hagamos sentido de ellas. 

Este escenario mediático, analógico y digital, en el que se encuentran las sociedades actuales, es un excelente caldo de cultivo para producir y diseminar información en cualquier sentido, en cualquier momento y hacia cualquier público. Los ciudadanos tienen la infraestructura tecnológica y cada vez más el “saber hacer” y, además, se hallan conectados para constituir, reconstruir y propagar información de manera espontánea y sin la preocupación o probabilidad de verificar los hechos que la sostienen y la validan. Al mismo tiempo, se fortalecen las asociaciones de ciudadanos y de periodistas democráticos que se vinculan para enfrentar la creciente manipulación informativa contemporánea y para realizar un nuevo tipo de periodismo. 

Con las posibilidades de la tecnología digital, los hechos se inventan, se producen virtualmente o se insinúan y, una vez que están circulando, se recargan con interpretaciones, afectos, reacciones de los participantes en los mismos procesos informativos. Así, la información parece resurgir en cada envío,  recepción e intercambio haciendo que sus referentes se pierdan en el camino y empiecen a suplantarse por la imaginación, el deseo, las emociones o los miedos de los interlocutores o por las condiciones particulares de poder, despoder y desinformación en los escenarios en los que tienen lugar los intercambios informativos. 

Visto así, en abstracto, la posverdad parecería algo inevitable, casi necesario y hasta comprensible en los procesos actuales de comunicación, dados los elementos varios con los que se cuenta para inventar, producir, procesar, manipular, diseminar y recibir información. 

No obstante, la posverdad no es un producto espontáneo de los procesos comunicativos actuales. Es, como lo abordan los autores en los diversos capítulos de este libro, desde algo que puede ser propiciado dadas las características múltiples de los signos y sus procesos de significación e interpretación, hasta y sobre todo, algo intencionado, construido, pensado y planeado para comunicar de cierta manera un hecho, real o ficticio, y dotarlo de un contexto particular y de un sentido específico para ser interpretado y asumido. 

La posverdad se nutre para su credibilidad tanto de “noticias falseadas”, o sea de interpretaciones de los hechos, como de “falsas noticias” o fake news, es decir, lo que no ocurrió, en cuya confección se usan recursos lingüísticos y técnicas periodísticas variadas de producción, como lo muestran varios autores de este libro. 

Pero la posverdad ¿puede resultar también del encuentro fortuito entre públicos e información? Debido a la ambigüedad intrínseca de todo signo o a la que inevitablemente surge en el mismo ejercicio periodístico al buscar “formar opinión” y facilitar la compresión de un acontecimiento para lo cual se destacan —y ocultan— elementos o personajes del acontecimiento mismo y se elaboran síntesis. Un tema que queda para la reflexión de los lectores. 

Los textos seleccionados para este volumen se han agrupado a través de tres temas centrales.